EL ESPANTO EN LA ISLA SANTA
Conocí a Morayma en uno de mis tantos viajes, en el bus de Trujillo a Chimbote, iniciamos rápidamente un conversatorio referente a nuestras familias y la que más me cautivó era referente a su abuelo materno, que tenia la virtud de relatar sus vivencias de manera literaria, su nombre era Abraham, arequipeño él y era parte de la Marina de Guerra, trabajaba en la Capitanía de Puertos de Chimbote, se encargaba de monitorear toda la bahía de la provincia del Santa, entonces cuenta, que cierta vez don Abraham delega a sus subalternos la inspección en la isla Santa ubicada frente a la caleta de Coishco, en aquella isla existían unas casonas de madera de los cuales ellos estaban encargados de vigilar las reservas de las aves guaneras, pero que sucedía en el momento de la vigilancia de los marinos, ellos regresaban perturbados, temerosos y confundidos ya que no sabrían como explicar ante su superior sus venidas y los extraños ruidos que los hacia salir despavoridos y abandonar sus puestos de vigilancia, don Abraham se preguntaba que era lo que no les permitía hacer sus rondas en aquel lugar, siempre era lo mismo, días tras días, meses y años tras años, hasta que cansado de no tener una respuesta razonable, decide ir personalmente a la inspección y se dirige a la caleta de Coishco, aborda una pequeña embarcación, don Abraham con fusil en mano y un lamparín pisa el suelo de la isla y salen a su encuentro los marinos diciéndole, - mi superior no ingrese- , al escuchar esto, despertó en él la curiosidad y su valentía ante sus subalternos, empuñó bien su fusil, preparó su lamparín e hizo su ingreso, cuando se encontraba subiendo las escalares, siente extraños ruidos, conforme iba subiendo se hacían más intenso, él pensaba que era normal aquellos ruidos por que toda la construcción era de madera, era normal, ya que todo tiende a descansar en el silencio de la noche, así pensaba, detrás de don Abraham iban los marinos rezando en voz baja, hasta que en el quinto peldaño aparece una gran sombra lanzando grandes alaridos, esto tomó de sorpresa a los visitantes, haciendo que don Abraham hiciera un disparo a la nada, sintiendo que su corazón latía de manera acelerada, y salieran despavoridos los marinos, él retrocede y vuelve a cargar su arma, continúa, cuando una vez más aquella sombra lo hace trastabillar y a apoyarse a la pared de madera, don Abraham empieza a gritar dando órdenes de rendición a la nada, pero los ruidos y alaridos eran más fuertes, toma una decisión la de tomar por asalto e irrumpiendo a la última pieza del lugar que daba hacia un balcón de madera, realiza varios disparos en toda la obscuridad del lugar, gritos, desorden total, por parte de los marinos, cuando el último disparo hace posible que se escuche un estruendoso ruido en el pavimento, fuera de la casona se escuchan las voces de los marinos diciendo: - mi superior ya cayó, salga, don Abraham en medio del alboroto perdió su lamparín mientras lo buscaba generaba mas inquietud, hasta que logró divisar la salida gracias aun pequeño destello de luz de luna , pero que era aquello que provocó semejante ruido, se preguntaba, llegó al lugar donde se originó el estruendoso ruido, pidió con voz enérgica los lamparines y oh gran sorpresa, adivinen cual fue la gran, gran sorpresa para todos algo imposible de creer, sobre todo por estar en una isla, bueno resultó ser un enorme pero tan enorme cóndor, todos se miraron avergonzados y sorprendidos y se entendía que esto nunca se contaría ni como una anécdota.


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